Hoy volvimos a verles con sus pasos enérgicos y sonriendo con los ojos. Tuvimos que secar las lágrimas, suspirar profundo y mirarnos de frente para recibir este sueño hecho realidad.
 
Hoy jugamos al aire libre y recorrimos sin cansancio el espacio abierto del jardín. Nuestra primera parada fue en el monstruo de la alegría, un monumento en honor al cuento de la gran Ana Llenas que dejó como legado una entrañable y antigua generación. El monstruo amarillo escuchó las emociones que nos habitan y el goce profundo de volvernos a ver. Cuántas carreras pendientes tenemos, cuánta tierra por tocar.
Este semestre el aula de clases será verde y la tarea más importante es la de jugar e interactuar.
 
Gracias al bosque por su música, al pato Timoteo por sus alas, al conejo Picarón por no olvidar su salto y a cada persona que ha unido su voz para hacernos entender que los derechos de la infancia importan.
Deseamos de corazón que cada niño del mundo pueda retornar a su escuela en condiciones seguras y a ninguno le sea negada su necesidad de jugar.